La paradoja del inmigrante
Abril 26th, 2012Hablar de inmigración suena como a hablar de un problema y a veces, de hecho, los provoca, provoca inquietudes, también rechazo o empatía.
Desde hace tiempo yo creo que el nacionalismo da por sentado que uno debe vivir (y amar de paso) al país donde nació, simplemente porque naciste ahí y punto. Pero la vida real no es tan sencilla y la gente a veces tiene que salir de donde ha nacido por distintas razones, algunas más duras que otras. El problema empieza porque esas migraciones implican un conflicto en el ideal nacional. Resulta que la gente tiene derechos que hacen que el sistema funcione y los extranjeros en principio no tienen derecho a todo o a parte de ellos.
La paradoja
El grupo más complicado de todos es el del inmigrante económico que salió de su país porque tenía problemas y cruzó la frontera “sin permiso” o la cruzó mintiendo (aunque el estado de legalidad también puede perderse y una persona con permiso puede convertirse en alguien sin permiso). Ellos llegan y automáticamente se convierten en personas sin derechos, aunque a veces (generalmente en el mundo desarrollado) tienen ciertos derechos mínimos. Aún y con todo, siguen estando fuera del sistema.
El problema más serio es que una persona fuera del sistema, no puede legalmente hacer casi nada, no puede trabajar, no puede recibir atención médica en condiciones normales, no puede acudir a la policía si le pasa algo, no paga impuestos directos. Nada bueno puede salir de esto, bien delincuencia o abuso (hacia el que llega).
¿Cuál sería la solución más obvia? La primera es expulsarlos, pero de nuevo, no es tan sencillo, si las condiciones de vida son malas, no habrían llegado y si se saben perseguidos, por supuesto, huirán. Aún así es algo que se suele hacer y como digo, nunca es totalmente efectivo. La otra es la regularización y es aquí donde se cierra la paradoja: La regularización permite que estas personas se conviertan en individuos del sistema, sujetos a obligaciones y obtienen derechos, pueden tratar con la policía (y de paso salir a la calle sin miedo), recibir atención médica en las condiciones que el estado receptor disponga, trabajar legalmente y cotizar, además de pagar (si procede) impuestos directos.
En el fondo, la paradoja se da porque a la gente le va bien y obtener una regularización en teoría provoca un efecto llamada y esto lo sabemos todos. Una persona vive bien en un sitio y le dice a su amigo o pariente que las cosas están bien, por lo que llegar a ese lugar es una buena idea. Lo cual provoca que el ciclo irregular se repita.
Romper la paradoja
Esta paradoja está basada en la realidad, porque uno podría pensar en el párrafo anterior ¿Por qué es malo que una persona llame a otra? o ¿Por qué la irregularidad se da por hecha en los siguientes ciclos? Y se debe a los motivos que generan la emigración:
- Inequidad
La emigración masiva generalmente se da por situaciones de inequidad. El caso más duro es el de Europa, miles de africanos arriesgan la vida (y una cantidad indeterminable de hecho, muere) tratando de cruzar el mediterráneo o llegar a un territorio europeo cercano al continente. Sencillamente las diferencias en calidad de vida son demasiado grandes.
- Burocracia
Algo que muchos no se paran a pensar es que una persona no puede simplemente decidir “voy a postular a viajar al país A” o “voy a hacer las cosas bien, voy al consulado y tramitaré mi visa” y muchas veces la burocracia impide que uno pueda libremente elegirlo de forma legal, aunque lo necesites mucho. Y esto se da porque los requisitos son restrictivos, dando a entender que la única manera de llegar es por tener algún vínculo, que es ser contratado por alguien en ese país.
Así que me he preguntado cuáles podrían ser las alternativas.
La más obvia, creo yo, es la nivelación de la situación económica entre regiones, pero esto tampoco quiere decir que una nación rica sea necesariamente responsable por la pobreza de la otra, sino que es conveniente por el bienestar de ambas. Es sumamente difícil, porque las diferencias a veces son siderales pero uno de los aspectos que lo complica es el mismo nacionalismo “no me importa mucho lo que pase allá, total, no somos nosotros” pero luego ese mismo pensamiento conduce a más inmigración descontrolada. Dicho de otra manera, si las diferencias son tan grandes, no esperes que los hambrientos no vayan a buscar pan.
¿Pero y si pudiesemos postular a vivir en un país, independiente de si tenemos un vínculo previo o no? No estoy inventando nada, esto se llama en EE.UU la lotería de la tarjeta verde, pero de manera más masiva. Esto y una reducción de la burocracia, incentivarían la migración legal.
Una de las aberraciones de la UE y de otras legislaciones migratorias es la imposibilidad de tramitar un empleo visitando legalmente el país al que uno quiere migrar. Esto de nuevo, hace más probable que una persona pueda conseguir trabajo y no estar fuera del sistema. El inconveniente es que el Estado protege al que está dentro, pero mi filosofía es “no se le pueden poner puertas al campo” así que es mejor, en mi opinión dejar que cada quién busque trabajo y se le evalúe por lo que hace. Peor es cuando el mismo individuo llega sin documentación y hace un trabajo al margen de la ley, de los sueldos de mercado, lo cual acaba siendo más perjudicial todavía (para él y para el nativo).
Y para terminar, la economía sumergida (como la llaman los españoles, otros la llamarían, economía informal) que aunque nunca desaparece, incentiva a emplear personas y a abusar de ellas. La corrupción ayuda a que este esquema se mantenga firme pero en todo país existe en alguna medida.
En fin, hoy en día la inmigración está sumamente criminalizada y en parte la estrictez de muchos sistemas conducen a que el problema no se arregle. Yo creo que dejar tu país de orígen por otro es lo más válido del mundo (a algunas personas les he dicho sobre este tema: “Es que yo no soy propiedad de un país”) y que tener documentación no es ningún premio sino una medida de control. De la integración podemos hablar en un artículo aparte y de la desigualdad ya escribí algo en un artículo muy loco.
