Acerca del ego y lo que llamamos mal

Últimamente me ha interesado mucho pensar en el ego y cómo interviene en cada situación, se suele hablar de ego cuando se trata de personas con un autoestima elevado (por decirlo de alguna manera que se entienda), no obstante, el ego interviene en nuestra vida cotidiana y es bueno entender qué es el ego y cómo funciona.

El orígen del ego.

Es importante recordar que los seres humanos somos más que nada animales, seres vivos, algo que queda obvio pero que en el análisis nuestro suele olvidarse irónicamente dada nuestra inteligencia y nuestra capacidad de sobreponernos a todos los otros seres de este planeta. Pero somos simples seres vivos y lo que hace a un ser vivo tal cosa es su obstinación por mantenerse en esa condición por el mayor tiempo posible, vivirá para siempre si puede y como no es capaz de hacerlo se perpetua reproduciéndose.

La necesidad del ser humano, como la de todo ser vivo de “seguir vivo” es el orígen de los intereses del ego. El ego intentará cubrir todas las necesidades del ser, la idea es ser lo más autosuficiente posible, el miedo a desaparecer, a “no seguir vivo” hacen que el humano y cualquier animal cubran sus necesidades bajo cualquier costo, en la medida que sean capaces de cubrirlas.

Los seres humanos se encuentran en una situación que, a pesar de que lo más importante es sobrevivir, aquello es algo que no puede hacerse en completa soledad, por ejemplo, el reproducirse, pero también descubrió que era tácticamente más inteligente vivir en grupo, aliarse con otros seres humanos y cuidarse mutuamente. Pero ante todo el hombre sigue siendo un animal que como todos los demás vive sólo para sí y que si comparte con otros o hace cualquier otra cosa por otros, lo hace por necesidad (en parte o totalmente).

De ahí que debamos soportarnos con los compañeros del trabajo, de la universidad, que otros nos caigan mal, algunos nos caigan bien y los consideremos nuestros amigos (aunque solo compartamos los buenos momentos y no los malos), trabajemos para otros aunque no nos anime precisamente el hacerlo, pues lo hacemos con el único propósito de sobrevivir y si nos anima o entusiasma es porque el resultado nos afecta directamente (como a un empleado de mayor jerarquía, un supervisor o un gerente). Todos velamos por nosotros y para nosotros.

Es fácil darse cuenta que una persona promedio ante una discusión no será capaz de reconocer un error propio o la ignorancia de un tema específico con tal de salir bien parado o que un jefe discipline a sus empleados porque se demoraron en algo, qué jefe no lo ha hecho, justificadamente o no. Cuando ejecutamos cualquier acto, lo que sea, miramos en primer lugar nuestros intereses, lo que yo suelo comentar como que “el ego se manifiesta”. El mundo tal como lo conocemos no puede funcionar enteramente si no es de esta forma.

Me llama la atención que hablar de los intereses personales esté tan mal visto. El ego no saca lo mejor de nosotros, pues es la búsqueda permanente de nuestra satisfacción, estar alimentados, bien vestidos, bien cubiertos, lo más seguros posible, sentirnos bien con nosotros mismos, ser queridos, obtener placer, porque al final todo nos ayuda a estar mejor preparados para sobrevivir, es algo instintivo y ningún esfuerzo será suficiente… pero somos seres vivos, hemos de admitirlo y no renegar de ello.

El humano luchando contra su instinto.

Cuando empezamos a vivir en paz y armonía, nos hicimos seres más inteligentes cada vez, quisimos suprimir al ego (como en lo que mencionaba en el párrafo anterior, por ejemplo, convirtiéndolo en algo tabú o políticamente incorrecto de recordar), no resultó, pero fingimos que funcionaba, surgieron primero las amistades sinceras (esas que están en todas, buenas y malas, escasas eso sí) el romanticismo y a gran escala, las alianzas de civilizaciones con vocación pacífica como la ONU o movimientos como el veganismo, pero que en algún punto flaquean porque van contra la naturaleza egocéntrica del ser vivo.

Esto me hace recordar muy de pasada eso sí, algo que dijo este personaje llamado Jesús de Nazaret, que no sabemos si realmente existió o no pero decía lo siguiente en una intervención frente a los fariseos:

14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended:

15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre.

16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

17 Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola.

18 El les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar,

19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos.

20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre.

21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.

23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

-Marcos capítulo 7

La manifestación del ego nos lleva inequívocamente a una falta de armonía con el entorno, no podemos dejar de ser egos pero podemos evitar su manifestación, hemos aprendido aquello con el paso de las generaciones y persistimos siendo demasiado “animales” para lo que pretendemos. Esta supresión, sin embargo, no deja de ser una búsqueda antinatural.

Lamentablemente para nosotros, tanto el amor, como la amistad y la empatía, entre otras actitudes son antinaturales, tarde o temprano buscaremos nuestra satisfacción por encima de otros. Todos somos intrínsecamente egocéntricos.

El ego en sí mismo no busca perjudicar a nadie, más bien busca no ser perjudicado, el inconveniente surge cuando terminamos pasando encima de otro ser vivo, no solo seres humanos, pero esto tampoco es completamente evitable, sólo paliable. El sólo hecho de vivir implica hacer daño a algo, el tener electricidad, el generar desechos, (los orgánicos y de los otros) el consumir a otros seres vivos.

En todo este texto no he empleado la palabra “mal” excepto en el trozo de la Biblia, y si bien estamos hablando de lo que entendemos como “maldad”, no es una buena forma de expresarlo, ya que nos lleva al dualismo religioso que convierte a lo perjudicial y a lo beneficioso en dogmas, en conceptos cerrados, absolutos, de los cuales es dificil salir.

Por la forma en que fuimos enseñados y criados, es dificil vivir entendiendo que no eres bueno y que eres egoísta por el hecho de ser lo que eres, siempre es dificil asumir un defecto. Mi esperanza es que el poder entender lo que somos, nos ayude a ser mejores seres vivos.

Sobre el ego freudiano, que no es el tratado en este artículo pero que está relacionado, y el punto de vista que más se conoce, se puede leer aquí y aquí.

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Un comentario a “Acerca del ego y lo que llamamos mal”

  1. Paulo Says:

    Jesús sí existió:wink:.

    RespuestaRespuesta

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